taichí Brenk

Mi estilo Taichi

Mi estilo Taichi

Todo comienza con un primer paso

En el invierno de 2008 mi camino me llevó al Tai Chi.

En aquel entonces, mi vida cotidiana como desarrollador de software se caracterizaba por la presión del tiempo, estar sentado durante largos períodos de tiempo y un mundo que parecía ir cada vez más rápido. Las exigencias de la vida profesional aumentaron y sentí cada vez más claramente cómo mi cuerpo y mi mente se estaban desequilibrando.

No buscaba un deporte nuevo ni un desafío extraordinario. Estaba buscando un lugar donde pudiera relajarme.

Así que una tarde entré en la clase de mi primer maestro, Thomas Krug.

Casi no sabía nada sobre Tai Chi.

Pero después de la primera hora ya sentí que había encontrado algo que inconscientemente había estado buscando durante mucho tiempo.

Los movimientos lentos y fluidos silenciaron por un momento el ruido de la vida cotidiana. Mi cuerpo se sintió más ligero, mi mente se calmó y regresé a casa con una sensación difícil de expresar con palabras.

Una sola lección convertida en práctica diaria.

El equilibrio se convirtió en una forma de vida.

Al principio, el Tai Chi era para mí principalmente un contrapunto a una vida cotidiana agitada.

Pero con el paso de los años mi perspectiva cambió.

Cuanto más practicaba con regularidad, más me daba cuenta de que el Tai Chi es mucho más que una simple forma de ejercicio. Es un camino en el que se permite que cuerpo, mente y carácter se desarrollen por igual.

Muchos cambios no ocurren de repente, sino casi imperceptiblemente.

Con el tiempo, el cuerpo se vuelve más erguido y al mismo tiempo más relajado.

La respiración se vuelve más tranquila.

La percepción es más fina.

La mente más clara.

Y la serenidad, que al principio sólo se notaba durante la práctica, poco a poco empieza a extenderse a la vida cotidiana.

Aprendí cada vez más claramente que los opuestos aparentes se están disolviendo gradualmente.

Fuerza y ​​gentileza.

Descanso y movimiento.

Estabilidad y ligereza.

No son mutuamente excluyentes, sino que se complementan.

De esta experiencia puede surgir gradualmente Sung: un profundo abandono de tensiones innecesarias. No como relajación, sino como una relajación viva, apoyada en una estructura interior natural.

Especialmente en nuestro mundo acelerado y a menudo sobreestimulado, el Tai Chi se ha convertido para mí en una isla de calma.

No como un escape de la vida cotidiana.

Sino como una forma de afrontarlo con más claridad, tranquilidad y estabilidad interior.

Aprender significa ser siempre principiante

Desde 2013 viajo varias veces al año para asistir a seminarios y perfeccionarme con mis profesores.

Con cada seminario crece mi respeto por la profundidad de este arte centenario.

Cuanto más practico, más me doy cuenta de que el Tai Chi no prospera acumulando nuevas técnicas. Más bien, el desarrollo real a menudo comienza cuando se abandonan gradualmente la tensión innecesaria, los deseos excesivos y los hábitos arraigados.

El taoísmo describe este camino como un retorno a la propia naturaleza.

No por la fuerza.

No a través de peleas constantes.

Sino aprendiendo a actuar en armonía con lo que ya está integrado en nosotros.

Cuerpo, mente y conciencia comienzan a armonizarse paso a paso.

La acción se vuelve más natural.

La mente más tranquila.

Percepción más clara.

En los escritos taoístas clásicos, el objetivo más elevado se describe como Fan Ben Gui Zhen: el regreso a la fuente, a la esencia original del hombre.

Para mí, este objetivo no es un estado que uno alcanza y posee.

Es una dirección.

Un camino que se vuelve un poco más claro con cada ejercicio.

Mi camino como docente

En 2018, recibí un certificado de profesora del Instituto de T'ai Chi Ch'uan Clásico.

Desde entonces, transmitir este arte ha sido un asunto muy cercano a mi corazón.

No enseño porque creo que he alcanzado mi objetivo.

Doy clases porque soy estudiante de este arte todos los días.

Esta actitud también da forma a mi enseñanza.

Quiero crear un espacio en el que las personas puedan aprender sin presión para actuar, con calma, paciencia y alegría en su propio desarrollo.

Muchos participantes vienen inicialmente con el deseo de una mayor relajación o un equilibrio saludable.

Con el tiempo, muchos descubren que el Tai Chi puede ser mucho más:

El Tai Chi ha estado conmigo desde hace muchos años.

Lo que comenzó como una búsqueda de relajación se ha convertido en un viaje que dura toda la vida: un camino para cultivar el cuerpo, la mente y el carácter.

Todavía estoy aprendiendo.

Con cada ejercicio.

Con cada seminario.

Con cada encuentro.

Si este camino le atrae y le gustaría conocer el Tai Chi usted mismo, espero tener noticias suyas.

El Tai Chi puede ser mucho más:
una escuela de atención plena,
un camino hacia una mayor conciencia,
un cultivo de la compostura y el carácter,
y apoyo permanente en el camino hacia una mayor naturalidad y equilibrio interior.